Autor: Roger De Los Santos
Todo parece indicar que, de cara a las elecciones de 2028, más que una campaña electoral tradicional, el país asiste al inicio de una carrera de caballos. En esta contienda, los protagonistas no serán únicamente los partidos políticos —los “caballos”—, sino los jinetes que los conduzcan, quienes en definitiva determinarán quién cruza primero la meta y asciende las escalinatas del Palacio Nacional para dirigir los destinos de la nación durante un período inicial de cuatro años.
La realidad es que, entre los principales caballos que se perfilan para la competencia, solo tres parecen tener la capacidad real de llegar a la meta con posibilidades de alzarse con el trofeo (gobernar el país). Y como ocurre en toda carrera, la experiencia, la pericia y la estrategia del jinete resultan factores determinantes, aunque no siempre garanticen la victoria.
Para que la competencia sea justa, lo ideal es que todos los jinetes participen en igualdad de condiciones. Sin embargo, en este momento ninguno de los partidos ha definido oficialmente a su conductor, ya que los plazos de selección aún no están abiertos conforme a lo establecido por la ley. Aun así, el panorama interno no es igual para todos.
Hay un partido, el del color de la esperanza que parece llevar ventaja, pues su proceso de selección luce más claro y ordenado incluso cuando tiene dos jinetes que llevan la misma sangre y no se avizora que puedan pelearse ya que la sangre de raza, pesa más que los intereses personales, en contraste, otros dos enfrentan profundas diferencias internas.
En uno de ellos, el de la estrella amarilla la figura que acapara la atención mediática y marca la agenda del debate público no está legalmente habilitado para competir, pero continúa ocupando el centro del escenario, desplazando a quienes sí han manifestado formalmente su intención de aspirar a montar el caballo.
Esta situación representa una desventaja evidente. Al colocarse por encima de los demás aspirantes, el protagonismo de quien no puede competir termina debilitando las verdaderas opciones del partido, ya que al final ese jinete no estará en la carrera.
Más aún, ese jinete equivocado está hundiendo las posibilidades de que su caballo sea bien conducido. Sus declaraciones, en las que rechaza alianzas políticas sino es a ellos que apoyan, contrastan con la realidad de una organización que se encuentra muy lejos de tener la fuerza necesaria para competir en solitario. La negativa a apoyar a quien en este momento es el líder de la oposición, lejos de fortalecer, reduce las opciones y compromete seriamente el desempeño del caballo, incluso antes de que se abra la compuerta de salida.
Esa postura inflexible frente a las alianzas del presidente del Partido que en este momento está demorado, cuando se carece de la fuerza electoral suficiente para competir, es renunciar anticipadamente a la victoria, no es una muestra de firmeza, es una muestra de debilidad, miedo y de desconexión total con la realidad política, aunque dándole un punto a su favor, no es el tiempo de hablar de las alianzas, pero ese tipo de pronunciamientos lo que hace es ahondar más las heridas y poner en las mentes de los que están más abajo la necesidad de emigrar hacia el que tiene más posibilidades de llegar a la meta.
En una carrera tan decisiva como la electoral, elegir al jinete correcto no es un detalle menor, es sencillamente, la diferencia entre competir y quedar fuera de la pista y competencia.
Por el lado del “Cambio” al parecer no caben más en la hoja de aspirantes y tienen el dilema que su mejor activo también está inhabilitado, esto presenta un escenario no muy favorable ya que esa fiesta podría terminar a rabazos como nos tienen acostumbrados o que la taza se rompa en varios pedazos.
En el 2028, el país necesita conducción clara, liderazgo responsable y respeto a las reglas del juego. La población, frustrada con un cambio que nunca ha llegado y la esperanza de que la luz se vea en el túnel, va posicionando en su mente el perfil del jinete que quiere que asuma el Palacio Nacional.
No es tiempo de improvisaciones y más con los malos augurios de como quedara el país en los próximos dos años. Hoy más que nunca se necesita a un jinete de experiencia, capacidad, visión de futuro y gerencia probada. La carrera ya está casi en marcha, los jinetes de color, Verde, Blanco y Morado solo esperan que suene el disparo de salida
La carrera está servida y la esperanza, que es de color verde está más cerca cada día.



