Lo que comenzó como una persistente picazón terminó convirtiéndose en un diagnóstico de cáncer que, según cuenta la propia afectada, tardó en llegar debido a que varios profesionales de la salud desestimaron sus síntomas iniciales.
Sumbul Ari, una mujer de 26 años, relató en una entrevista con la revista ‘PEOPLE’ que durante meses experimentó una picazón intensa que interrumpía su sueño y afectaba su vida diaria.
A pesar de acudir a distintos médicos, sus molestias fueron atribuidas a causas menores como resequedad en la piel o condiciones ambientales.
Según explicó, antes de la aparición de los síntomas llevaba un estilo de vida activo y saludable, con rutinas de ejercicio frecuentes, buen descanso y sin antecedentes médicos relevantes.
Sus análisis clínicos anuales, además, siempre habían arrojado resultados dentro de los rangos normales.
El primer síntoma fue una picazón constante que, en un inicio, Ari asoció con posibles reacciones a productos de uso cotidiano.
Sin embargo, al no encontrar alivio tras eliminar distintas variables, comenzaron a aparecer otros signos como sudores nocturnos, fatiga, pérdida de apetito, infecciones cutáneas recurrentes y episodios de confusión mental.
Uno de los médicos le recomendó simplemente hidratar la piel, mientras que otro minimizó sus molestias asegurando que “son cosas que pasan”.
Incluso tras recibir tratamientos para infecciones y otras posibles causas, los síntomas persistieron.
Ante la falta de respuestas médicas y con resultados de laboratorio normales, Ari optó por investigar por su cuenta.
Según contó a ‘PEOPLE’, recurrió a foros en internet y probó distintos tratamientos caseros y medicamentos sin éxito. También consultó a más especialistas, incluidos profesionales de medicina alternativa.
El punto de inflexión llegó cuando detectó un bulto en su cuello. Tras buscar información en línea y relacionar sus síntomas —picazón, sudores nocturnos y fatiga— concluyó que podía tratarse de un cáncer.
Finalmente, tras nuevas consultas médicas, se confirmó el diagnóstico de linfoma de Hodgkin.
“Que me dijeran que tenía cáncer fue un alivio. Por fin tenía una respuesta”, afirmó Ari, aunque también expresó su frustración por no haber sido escuchada anteriormente por los profesionales que consultó.
Tratamiento y evolución
Actualmente, Ari se encuentra en tratamiento de quimioterapia. Según indicó, desde la primera sesión sus síntomas desaparecieron, especialmente la picazón que afectaba su descanso.
También señaló que ha experimentado efectos secundarios mínimos, principalmente cansancio leve.
La joven aseguró que ha retomado actividades físicas moderadas y mantiene hábitos saludables durante su tratamiento. Además, destacó la importancia de insistir en la búsqueda de respuestas médicas cuando se perciben señales anormales en el cuerpo.
“No hay nada más frustrante que saber que algo anda muy mal, pero que las personas que se supone que deben ayudar te ignoren”, expresó, al tiempo que recomendó a otras personas no dejar de insistir hasta obtener un diagnóstico claro.
FUENTE… Diario ADN




