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viernes, junio 14, 2024

Sórdida batalla de ponches

RealidadesRD

Por: Dimaggio Abreu.

Como sórdida puede definirse para un beisbolista la estadística de ponches recibidos en abundancia. Este mismo adjetivo se puede aplicar a la batalla que libran jugadores dominicanos por liderar dicho renglón en las Grandes Ligas o por acaparar altos niveles en esta tabla poco deseada.

Con esa pesada cruz cargan jugadores de muchísimo talento que en parte compensan con otros atributos, aunque lastran otras facetas, pero a otros los retrata como estigma principal de una temporada para el olvido.

Cumplida la jornada del lunes 27 de mayo, casi al completarse los dos primeros meses de campaña 2024, Oneil Cruz (Pittsburgh) y Elly de la Cruz (Cincinnati) van de la mano en segundo lugar con más ponchados (72), el primero en 190 turnos oficiales y el segundo 192. Están apenas a dos por debajo del líder absoluto, Will Benson (74).

En un solitario séptimo lugar global se ubica Teóscar Hernández (Dodgers, 67 en 205 chances). Cuatro por detrás (63 en 219 paradas) acecha el Marinero Julio Rodríguez, top 11, disputando al angelino el tercero entre los criollos.

“Apurando el paso” sigue a Rodríguez el Marlins Bryan de la Cruz (60 en 217 viajes) en el escalón 16 igualado con el venezolano Eugenio Suárez (Arizona) y el cubano Adolis García (Texas).

No muy lejos en cantidad con 54 se pasean José Sirí (Tampa, en solo 125 turnos) y el de San Diego Fernando Tatis Jr. en 221 visitas. Comparten el sitial 33 con Matt Chapman (San Francisco) y Gunnar Henderson (Orioles).

Por el medio centenar de ponches están el de Minnesota Willy Castro (51 en 178 turnos) y el de Milwaukee Willy Adames (50 en 209).

No hay duda de que estos jugadores son muy propensos a encajar ponches, pero es evidente que las cantidades industriales que suman en dos meses de competencias los proyectan para superar sus estándares a falta de cuatro meses de la serie regular.

En la pretemporada de 2020 en Mesa, Arizona, donde entrenan los Cachorros de Chicago, Sammy Sosa nos dijo que siempre se poncharía mucho. Pero entonces el petromacorisano era, junto a Marck McGwire, la fuerza avasallante del béisbol a base de cuadrangulares y carreras impulsadas y lo demás no importaba tanto.

Pero a la mayoría de nuestros muchachos de este tiempo les adornan habilidades que sumadas dan un status de estabilidad o progresión hacia el estrellato en el gran negocio que son las Grandes Ligas, por lo que la gran cantidad de ponches que encajan reducen segmentos como el porcentaje de bateo, frecuencia de alcanzar bases (OBP), entre otros.

En el caso de Elly de la Cruz, por ejemplo, reúne habilidades que hacen que todos se fijen en él, como la enorme velocidad que despliega en el recorrido de las bases, el poderío con el madero, su pasmosa cantidad de estafas, elementos que reducen enormemente por la carencia de contacto con la pelota.

Casos como el de Teóscar Hernández tienden un velo ante sus abanicadas con su enorme temporada que incluye 23 extrabases, 12 jonrones entre ellos, con 38 remolques y 31 anotaciones, agregando a los Dodgers otro hombre fuerte a un terrorífico trío que conforman Shohei Ohtani, Mookie Betts y Freddy Freeman.

Parecido ocurre con Willy Adames, que con su defensa y bateo es impulsor de los Cerveceros, como muestra que ha llevado 35 al plato y anotado 27 con 12 dobles y ocho jonrones. También Bryan de la Cruz, que es uno de los mejores en una diezmada alineación de los Marlins.

Pero en Julio Rodríguez, José Sirí y Jorge Polanco la constante falta de contacto les ha hecho pesarosa la actual temporada. El primero de este trío apenas suma nueve batazos de bases extra, 12 boletos y solo por su mejoría en los últimos 15 partidos (60-19, 9CE, average .317) ha incrementado su bateo a .260 y llegó a 19 remolques. Sirí está en las catacumbas del bateo (.168), 3 jonrones y 4 dobles, 14CE; y Polanco promedia .195, cinco para la calle, dos dobles, 14 impulsadas. No es lo que se espera de los tres.

Así pues, la sórdida, en su adjetivo menos hiriente, escandalosa, batalla con los ponches que libran números bateadores dominicanos, lastran las aspiraciones y perspectivas que todos esperamos de su desempeño, incluidos ellos mismos.

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